Muchos autores han intentado expresar el tiempo en relatos simples, ya sean: Borges, Cortázar, Kafka, Camus… En la crónica de “El Perseguidor”, de Julio Cortázar, por ejemplo. El autor plasma la idea de la teoría de los dos tiempos –Cronos y Aión-. Donde Cronos nos indica la realidad, el tiempo que pasa a medida que los segundos avanzan. Mientras que Aión, es el tiempo que vivimos en nuestras realidades, como cuando vamos en metro: de una parada a la otra van dos minutos cronometrados, pero estos dos minutos de la realidad se pueden hacer más o menos largos dependiendo de nuestra realidad, pues adentrándonos en nuestros pensamientos cronos siempre parecerá que va más rápido sin darnos cuenta, pero si nos mantenemos en la realidad y prestamos atención a lo que nos rodea, cronos irá más despacio.
Hay personas que creen que el tiempo transcurre más deprisa cuando hacemos algo que nos apasiona, y más lento cuando hacemos algo que no nos gusta, pues ¿es cierto entonces?
Cuando estudiamos, muchas veces el tiempo transcurre más deprisa, generalmente cuando estudiamos algo que nos motiva. Pero cuando nos obligamos a estudiar o aprender algo que no le tenemos interés alguno, el tiempo pasa más lento.
Entonces, nos preguntamos: ¿por qué sucede eso si lo que hacemos no tiene relación con el tiempo? Pues si, si que la tiene: pues dependiendo de lo que estemos realizando, la perspectiva que tenemos de la realidad cambia, tanto a positivo (si hacemos algo motivador), como a negativo (si hacemos algo que no nos motive).
